lunes 16 de marzo de 2009

Vivienda Social en La Boca

















Este proyecto tal vez no se merezca ni un cuatro en la facultad, pero fue mi ultimo proyecto en la Universidad de Buenos Aires y posee un enorme contenido teórico, que de a ratos puede que flaquee, pero sin duda he intentado (y lo sigo haciendo) buscar un camino.

martes 4 de diciembre de 2007

CONEXIÓN

La arquitectura es conexión. Ya no se trata de construir y habitar, si no de conectar. Un puente no conecta dos orillas, si no que conecta dos cuestiones, dos situaciones, dos pensamientos. Cada arquitectura ha de conectar distintas situaciones. Entendiendo la arquitectura como una conexión, implica que el arquitecto es un ingeniero conector. Los elementos arquitectónicos ahora serán el puente, entre personas, entre historias, entre sentimientos, entre diferentes situaciones ya sean urbanas, sociales, sensoriales, etc. Somos entonces como micropartículas supercomplejas que nos desenvolvemos en un mundo interconectado por la arquitectura. Una arquitectura que muchas veces (la mayoría de las veces) funciona mal en su desempeño como conductor. Ya sea por su antigüedad y consecuente situación obsoleta o sencillamente su mala implantación, su mala funcionalidad o su erróneo entendimiento de las necesidades locales. Vivimos inmersos en un mar de arquitecturas obsoletas, tratando de existir y “funcionar” en conductores viejos o mal concebidos.
La arquitectura es el instrumento donde el ser humano se desenvuelve, es el medio físico de intercambio humano. En estos tiempos actuales en los que nos vemos inmersos en un medio virtual de conexión, como lo es internet, la arquitectura está en la otra esquina del ring. Sin embargo, esto no ha de ser entendido como una pelea. De hecho considero indispensable una mimetización entre virtualidad y espacio físico. Desde la modernidad que el espacio virtual, los límites virtuales, las arquitecturas virtuales han tomado una enorme consideración. Creo que ya no se trata de espacio virtual, pues sería como decir arquitectura virtual. Ahora tenemos la virtualidad computarizada de un lado y la contundencia física arquitectónica del otro.
Nuestra función, como pensadores del futuro, ha de ser cómo mejorar o promover un cambio de los conectores. Nuestra vida está atravesada indefectiblemente por el entorno construido. Donde hay civilización existe arquitectura, ya en una aldea como en una gran ciudad. Algunas de estas civilizaciones no consiguen que sus conductores sean óptimos debido a su limitación tecnológica, y al complejizarse la concepción de la vida del hombre, otras sociedades adoptan modas, las cuales muchas veces se tornan obsoletas, torpes, o simplemente son mal entendidas o concebidas desde su nacimiento. Sólo un frío entendimiento de las complejidades de cada una de las civilizaciones en cuestión acompañado de un acalorado apasionamiento por la vida, ha de entregar una arquitectura que realmente conecte, interactúe, provoque, genere, cambie, motive, ilusione.
Este entendimiento como todo estudio, no viene desde la cuna, es lo que uno debe motivar y estudiar, debe sumergirse en las mentes, en las vidas de los individuos que habiten este entorno, este país, esta ciudad. Somos seres acoplables, con un fuerte sentido de la apropiación. Las ciudades se vuelven siempre el reflejo más fiel de la sociedad que la habita. Es decir, que si una ciudad es mala conductora, sus habitantes seguirán los lineamientos de la vida de sus antecesores, sin motivar la interrelación, la conexión entre ellos, y por ende el cambio. Porque, en definitiva, no hay cambio sin conexión, sin coalición. Somos tan acoplables como sociables. Necesitamos del otro para amar, para procrear, para alimentarnos, para darnos cobijo, para disfrutar o sufrir, para querer u odiar. Por lo que el generar una conexión se volvería imposible si no encontramos en nuestros corazones ese sentir social, ese pensamiento de unión, pertenencia, mediocridad.
Es acaso la mediocridad lo que nos une? Sin mediocridad no existe la conexión? Y si de la conexión e interrelación entre seres humanos surge la evolución y el pensamiento de cambio, es posible entender a la evolución como un resultado de la mediocridad?

Museo Histórico Nacional



















jueves 6 de septiembre de 2007

Pabellón































La constancia

Lo mediocre no busca el cambio, la rutina es para él, una seguridad. Un estado de constancia estúpida. Es como el ser que vive sólo por el hecho de hacerlo, sin objetivos de futuro, o colaboración con el prójimo. Edificios de similar funcionamiento, de similar fachada, de similar volumetría se apilan unos a otros, sin otra intención mas que la de estar allí, inertes, albergando vidas mediocres. Una junto a la otra, ajenas al compañerismo, o al diálogo. Perdurando en el tiempo como vegetales artificiales de vida plástica. Estancados en parámetros de antigüedad, los cuales no sólo ya no sirven en la actualidad, si no que han sido malinterpretados durante generaciones enteras de gentes mediocres. Pero las ciudades se nutren de estos seres para crecer y vivir. Son la verdadera ciudad, la representan porque son millones. Las ciudades no se recuerdan por hitos. La opera de Sydney no representa a Sydney, sólo la idealiza. Creo que muy pocos han de conocer Sydney en su naturaleza viva, en su verdadera historia. La estatua de la libertad, muy poco dicen de Nueva York, de su cultura, de su gente, de su arquitectura, al igual que tampoco lo hacían sus famosísimas torres gemelas. Pues las ciudades no son hitos, las ciudades son constancias. Y podemos diferenciar cada una de ellas en la medida que sus constancias se diferencien.
La constancia está dada por las masas, nunca por elementos únicos. El tejido, los materiales, las uniformidades, los elementos comunes, la tradición. Esos elementos son los que aportan identidad al conjunto de relaciones, necesidades y experiencias que forman a la ciudad. Así como existen ciudades homogéneas, las hay heterogéneas (tal es el caso de Buenos Aires). Aunque en su heterogeneidad conlleva también elementos unificadores, los cuales la vuelven una materia única, irrompible, inseparable. Ésta suele ser la característica más peculiar de las ciudades contemporáneas. Los Ángeles, posee una uniformidad aberrante en sus afueras de viviendas con jardín, todas prefabricadas, de cinematográficas cubiertas a dos o cuatro aguas. Pero también posee sus calles de moles de hormigón, estáticas, nuevas, cambiantes. París posee la Defense, un barrio nuevo, con expectativas de un futuro altamente vanguardista, pero conserva sus viviendas de era medieval y sus angostas calles, así como sus catedrales góticas.
Podemos concluir entonces que de la heterogeneidad de mediocridades que existen en un asentamiento dado, surge la ciudad. Un elemento altamente denso e histórico. Producto de modificaciones intensas, de un crecimiento paulatino, pero, de a momentos, mediocre. El error enorme del adornado movimiento moderno fue justamente no comprender este hecho, y querer llevar a cabo el sueño de la ciudad uniforme. Una ciudad uniforme implica considerar a todos sus habitantes como entes uniformes. Sin particularidades. ¡Aberración de los monoblocks! No es posible concebir tal destrucción de las individualidades sin percibir cierto aire déspota. El ser humano es único en cada una de sus expresiones, pero en su apropiación del suelo, y de su vida cotidiana en comunidad ha de surgir un sentimiento de pertenencia. El cual estará dado por la cultura y el hábitat que el mismo ser humano propicie para ello.
Toda ciudad es producto de cierto grado de mediocridad. Lo realmente interesante es que esta mediocridad no termine siendo uniforme, homogénea en toda la extensión de la ciudad. De a ratos la ciudad se vuelve homogénea y de a ratos se desvanece en elementos distintivos, para volver de golpe a ser homogénea, pero ahora se trata de otra homogeneidad, una diferente, la cual le dará identidad a cada barrio o comuna de la ciudad generando micro ciudades dentro de si misma. Sólo podemos detectar que existe constancia cuando ésta se ve interrumpida.

miércoles 16 de mayo de 2007

Puntos y reacciones en el mundo.

A mi modo de ver los ejes y las líneas en arquitectura existen, por supuesto que si. Pero no son ellos los productores, creadores de arquitectura, de vida. Si no que son un resultado. Los elementos “determinantes” de la composición morfológico-funcional de cualquier elemento, se resumen en un punto. El punto, forma primera de la geometría, la considero también la primera en la arquitectura y en la vida. Los puntos pueden ser atrayentes o repelentes, fuertes o débiles, determinantes o vagos. Cada punto es portador de una personalidad, la cual, junto con su historia, refleja una identidad.

Las ciudades no son resultado de ejes, no son resultado de líneas, o dameros, o fórmulas ortogonalizantes. Las ciudades son resultado de un punto. Cómo ente creador por excelencia, el punto determina la partida y a veces la llegada. Pero lo importante es que de él pueden surgir entidades abstractas complejas o simples. A partir de un punto se crean mundos. Su síntesis permite ampliar el horizonte de la originalidad a tierras impensadas. El hecho de que sea sólo un punto, sin volumen, dirección, masa o forma, hace que no existan parámetros para encarar su apropiación. Cada ciudad hace uso de sus puntos como quiere o necesita. Muchas veces (casi siempre) el crecimiento de la ciudad con respecto a su punto de partida es debido a necesidades inconscientes. Nadie sería capaz de determinar a priori cómo una ciudad hará uso de sus puntos, el hecho de querer determinarlo sería una acción despótica, en vías de instaurar algún tipo de régimen dictatorial sumido en la más profunda de las vanidades arrogantes.

El hecho de no poder “controlar” el crecimiento de estas ciudades, no debe ser considerado una lástima, o un fallo humano. Por el contrario, ha de ser visto como algo positivo. Eso nos habla de la naturaleza humana. De su “libertad”, de su indomable fiebre de crecimiento independiente de todo razonamiento. Debemos aceptar el hecho de que la fuerza de vida propia del hombre se encausa sola hacia lo orgánico.
Tal vez, nuestro aporte tendría que ser desde pequeñas intervenciones. Tratar de ayudar y no imponer. El hombre, como ínfima esfera de la creación, sólo es capaz de modificar y descubrir, no le es posible crear. Debemos conformarnos con proponer, con incentivar, soñar. Somos pequeños, pero si atacamos el punto justo, podremos lograr un gran cambio. Siempre es más sencillo cambiar para mal. Debemos abocarnos a la difícil tarea de hacer el bien, complejo, intrincado. Sepamos que todo es complejo, aceptémoslo.

Cuando se quiere “imponer” un eje, tarde o temprano éste se ve derrocado por las fuerzas naturales de lo orgánico. Las ciudades romanas, fundadas bajo ejes cardos y decumanos, fueron víctimas de la organicidad pasados los años. En las afueras de las murallas los asentamientos fueron, lentamente “invadiendo” la trama en damero del interior de aquellas ciudades. Roma nunca se logró regularizar. Grecia nació y vive inmersa en lo orgánico. Nueva York es orgánica en planta y en vista. Buenos Aires fue fundada a partir de una trama en damero, al igual que Santiago de Chile y otras tantas ciudades americanas. Todas cayeron ante los “caprichosos” ejes orgánicos del avance humano. Lo más inteligente será ahora pensar al detalle la ubicación precisa de lo puntos o focos de encausamiento. Para así, lograr un cambio o una modificación de los ejes actuales. Las propuestas de esta manera serían más económicas, pues las intervenciones sólo serían puntuales. Además, se le daría un plus de libertad a la vida, para que se abra el camino entre los puntos de tensión.

De un punto de tensión, es lógico que surgirán líneas tensionantes, rayos como ejes. Pero lo inteligente, no es sólo saber dónde colocar el punto, si no lograr determinar cuántos puntos han de ser necesarios para lograr un cambio, y cómo estos interactuarán entre si para lograr generar las líneas de tensión adecuadas. Con adecuadas, me refiero a aquellas que aporten mejoras a los problemas del entorno o que den ideas para mejorarlo en alguna manera.

martes 20 de marzo de 2007

El ser introvertido y la sociedad de ciudad

Hemos caído los citadinos en un problema... ¿es un problema? Cuántos de nosotros nos hemos cansado de oír a nuestros abuelos decir lo diferentes que eran antes las cosas. Desde puertas sin cerrojos y bicicletas dejadas sin cadena en las entradas de lo negocios hasta los mates que, dicen, tomaban en la vereda con el vecino. Ahora las cosas se han vuelto algo más complicadas o, para no sonar condescendiente, simplemente diferentes. Nuestros adorables vecinos ya no son tan adorables, o al menos en la mayoría de los casos, y la seguridad... bueno, para qué hablar de la seguridad. Somos ahora seres introvertidos. Aislantes y aislados. He aquí la ironía.
Nos sumergimos en las profundidades de nuestros oscuros hogares y una vez adentro, bien aislados del sonido y la luz exterior, encendemos la pc y nos conectamos con el mundo. MENTIRA. Son miles las estadísticas que nos hablan de que la mayoría de la población mundial, carece de internet. Entonces, ¿es internet una mentira? Esa es la gran pregunta, eh! No creo que sea una mentira, pero debemos de ser concientes que con abrir el explorer (o firefox, etc, etc), o prender la tele en la cnn, no nos estamos conectando con la gente ni con el mundo. Pero ¿es necesario conectarnos con el mundo? ¿conectarnos con la gente? Con qué propósito. Diversión ,dirán unos. Conocimiento dirán otros. Otros dirán que de esa manera llegan a “conocer” más gente por lo que se conectan a nivel espiritual con más personas que sólo las de su círculo íntimo. De acuerdo, no puedo negar eso, puede que halla gente que consiga esos objetivos. Pero la cuestión es que todo ese tiempo que nuestros abuelos pasaban charlando con el vecino, andando en bicicleta y peleando con la familia, el hombre de hoy lo pasa en la pc. Comprando, chateando, jugando, descargando, etc, etc. Hace un montón de cosas, y las hace sólo.
¿Y por qué el hecho de que las haga sólo es algo tan malo? No me malinterpreten. Considero al ser humano como un ser sociable y que en soledad no podría existir, pero por qué no admitir que nuestra sociedad ha cambiado, por qué quejarse y refunfuñar de esas cosas, en lugar de abrazar la vida del semihermitaño y ser feliz? Somos semi-ermitaños, es decir medio hermitaños y medio... otra cosa. Esa otra cosa es todo lo que somos con los demás. Ahora bien, el ermitaño citadino no ha de ser solitario, por el contrario, su estado de alejamiento del público lo vuelve muy cercano para con los que habitan con el. Familias de ermitaños pueblan las ciudades en sus cubiles en altura!
Asi mismo, y como la familia es también un grupo social igual que una ciudad, se dan casos de aislamiento en su seno. Digamos que hoy en día existen degradés de aislamiento. El primer aislamiento se da a forma global, las masas se ocultan en las ciudades, las ciudades se aislan de otras ciudades (alusión a la destrucción de los medios de transporte en la Argentina y tantos otros paises). Antes las ciudades, los países se tocaban con sus vías, ahora una diminuta pieza de excepcional ingeniería se posa eventualmente en sus aeropuertos. Luego, y al meternos ya en la ciudad descubrimos que no somos todos tan unidos y nos aislamos, separándonos en grupos sociales, demarcados cruelmente por el poder económico. Esto hace que en la ciudad existan áreas, pero éstas no coexisten. Se aislan. Una vez dentro de cada grupo social, encontramos otro filtro de aislamiento, más degradés económicos. Finalmente llegamos a las familias. Las cuales engloban muchísimos filtros. Está toda la familia, la parte de la familia que vemos siempre, la parte de la familia con la que convivimos, los padres, los hijos... hasta llegar al individuo. Que, además de estar bien aislado de toda la ciudad, también quiere aislarse de la pequeña parte de su familia con la que vive. Entonces hallamos la pc ¡eureka!
Creo que está "mal" ser personas no sociables, considero un ser no humano al que se aisle por completo, pero creo que en vez de luchar contra el aislamiento de la globalización, deberíamos aportar NUEVAS ideas para reacomodar las cosas. Con esto no estoy diciendo que apoyo al sistema imperante. Todas las sociedades de la historia que han sobrevivido, lo han conseguido porque se han adaptado. Y no considero al hecho de adaptarse como un cambio completo. Por el contrario también debemos cambiar al sistema, pero cambiarnos a nosotros mismos es el primer paso, eso es la evolución.
Por eso dejemos de luchar contra esta ciudad aislante, y con sus heterogéneas construcciones que nos dicen tanto que terminan sin contar nada. Admiremos los cambios de esta nueva sociedad en pos de una correcta evolución. Y cambiemos, pues ese es el más maravilloso regalo que podemos darles a nuestras generaciones futuras.


NOTA: Muchas veces el texto que cito no implica una relación directa con las imágenes aquí publicadas. De hecho, dichas imágenes tienen el objeto de disparar debate y no ilustrar los textos. Gracias.