martes, 4 de diciembre de 2007

CONEXIÓN

La arquitectura es conexión. Ya no se trata de construir y habitar, si no de conectar. Un puente no conecta dos orillas, si no que conecta dos cuestiones, dos situaciones, dos pensamientos. Cada arquitectura ha de conectar distintas situaciones. Entendiendo la arquitectura como una conexión, implica que el arquitecto es un ingeniero conector. Los elementos arquitectónicos ahora serán el puente, entre personas, entre historias, entre sentimientos, entre diferentes situaciones ya sean urbanas, sociales, sensoriales, etc. Somos entonces como micropartículas supercomplejas que nos desenvolvemos en un mundo interconectado por la arquitectura. Una arquitectura que muchas veces (la mayoría de las veces) funciona mal en su desempeño como conductor. Ya sea por su antigüedad y consecuente situación obsoleta o sencillamente su mala implantación, su mala funcionalidad o su erróneo entendimiento de las necesidades locales. Vivimos inmersos en un mar de arquitecturas obsoletas, tratando de existir y “funcionar” en conductores viejos o mal concebidos.
La arquitectura es el instrumento donde el ser humano se desenvuelve, es el medio físico de intercambio humano. En estos tiempos actuales en los que nos vemos inmersos en un medio virtual de conexión, como lo es internet, la arquitectura está en la otra esquina del ring. Sin embargo, esto no ha de ser entendido como una pelea. De hecho considero indispensable una mimetización entre virtualidad y espacio físico. Desde la modernidad que el espacio virtual, los límites virtuales, las arquitecturas virtuales han tomado una enorme consideración. Creo que ya no se trata de espacio virtual, pues sería como decir arquitectura virtual. Ahora tenemos la virtualidad computarizada de un lado y la contundencia física arquitectónica del otro.
Nuestra función, como pensadores del futuro, ha de ser cómo mejorar o promover un cambio de los conectores. Nuestra vida está atravesada indefectiblemente por el entorno construido. Donde hay civilización existe arquitectura, ya en una aldea como en una gran ciudad. Algunas de estas civilizaciones no consiguen que sus conductores sean óptimos debido a su limitación tecnológica, y al complejizarse la concepción de la vida del hombre, otras sociedades adoptan modas, las cuales muchas veces se tornan obsoletas, torpes, o simplemente son mal entendidas o concebidas desde su nacimiento. Sólo un frío entendimiento de las complejidades de cada una de las civilizaciones en cuestión acompañado de un acalorado apasionamiento por la vida, ha de entregar una arquitectura que realmente conecte, interactúe, provoque, genere, cambie, motive, ilusione.
Este entendimiento como todo estudio, no viene desde la cuna, es lo que uno debe motivar y estudiar, debe sumergirse en las mentes, en las vidas de los individuos que habiten este entorno, este país, esta ciudad. Somos seres acoplables, con un fuerte sentido de la apropiación. Las ciudades se vuelven siempre el reflejo más fiel de la sociedad que la habita. Es decir, que si una ciudad es mala conductora, sus habitantes seguirán los lineamientos de la vida de sus antecesores, sin motivar la interrelación, la conexión entre ellos, y por ende el cambio. Porque, en definitiva, no hay cambio sin conexión, sin coalición. Somos tan acoplables como sociables. Necesitamos del otro para amar, para procrear, para alimentarnos, para darnos cobijo, para disfrutar o sufrir, para querer u odiar. Por lo que el generar una conexión se volvería imposible si no encontramos en nuestros corazones ese sentir social, ese pensamiento de unión, pertenencia, mediocridad.
Es acaso la mediocridad lo que nos une? Sin mediocridad no existe la conexión? Y si de la conexión e interrelación entre seres humanos surge la evolución y el pensamiento de cambio, es posible entender a la evolución como un resultado de la mediocridad?

Museo Histórico Nacional



















jueves, 6 de septiembre de 2007

Pabellón